Aquí os dejo una entrevista para Escenarios de Sevilla, en donde cuento de donde vengo, opino de lo que veo y recuerdo lo hermoso de mi trabajo en Escenoteca.

http://www.escenariosdesevilla.org/escenoteca-el-espectaculo-de-la-educacion/
http://www.escenariosdesevilla.org/

Pepa Muriel nos habla en profundidad de un proyecto que, desde su génesis, se ha concebido para divertir, entretener y educar a niños y niñas.


Desde tu infancia has tenido interés y amor por los cuentos infantiles. ¿En qué momento y por qué decides llevar esta pasión a los escenarios?

Desde pequeña, en casa siempre estuve como el laurel, en todas las comidas, en todas las conversaciones de los mayores, en primera fila en los entierros y los duelos en las casas de los vecinos. Escurriéndome infructuosamente entre las piernas de las mujeres y la comadrona hasta llegar a la cama de mi madre para ver cómo nacía mi hermano. Escuchaba al fresco de la noche las historias de mis abuelos y vecinos, historias de la mar, de los largos meses en los barcos por Dakar, historias del campo, de la vida tal como se me ofrecía en el pueblo, dura, auténtica y amorosa. Historias de mi bisabuelo maestro, del arzobispo de Lima que vino a caer por Huelva y recaló en casa de mis abuelos. Historias de mi tío que dio la vuelta al mundo en el Juan Sebastián El Cano, noticias en forma de postales que venían de Nueva York, Rio de Janeiro, Ámsterdam… Cuando todavía en las casas no había agua corriente. Las historias de los cuentos de hadas, que mi madre me traía de la librería de Huelva, cuando iba a la capital a ver a mi madrina. Todo eso adquirió para mi categoría de hechos maravillosos. Y entré en el Bosque. Profesionalmente di muchas vueltas, merodeé en círculos, llegué a caminos sin salida, recorrí caminos de vuelta, encontré farolitos encendidos en medio de la noche… Fabulé con los refugios y las trampas, tal cual es la vida, hasta que descubrí que lo que me hacía sentirme plena era estar cerca de los niños y las niñas y seguir jugando: mi niña interior es más fuerte que yo. A la gente de Lepe siempre nos ha gustado fabular, unos lo hacen contando chistes, yo contando cuentos.
Nos encontramos actualmente en una etapa de crisis económica que afecta indiscutiblemente a la cultura, y en sí al consumo de los espectáculos en las salas de teatro. Una situación que afecta especialmente a las obras y compañías infantiles. De manera resumida, ¿qué análisis puedes hacer del presente y futuro del sector?
Lo que ocurre en el sector tiene que ver con planteamientos macroeconómicos y políticos, que se nos escapan bastante a la gente de a pie. Hay una consigna, pienso, de acabar con la cultura como derecho y necesidad de la ciudadanía. Interesa solo la cultura en tanto sea entendida como ocio, tiempo libre, entretenimiento. Se la relaciona con el turismo, se habla de turismo cultural, de la cultura del vino, la cultura del deporte etc. Una cultura fast food. Interesan los resultados rápidos: el número de visitantes a una exposición, por ejemplo… Pero hay muchos profesionales y expertos que, menos mal, están poniendo en valor y reivindicando (parece mentira que a estas alturas del siglo sigamos haciendo esto) la cultura como derecho y necesidad del ser humano, como lo es también la educación o la sanidad. Una cultura que se desarrolla a la vez que el ser humano crece y madura, y esto en la infancia es de vital importancia, y vamos por mal camino. La educación y la cultura deben estar más unidas que nunca, pero te vas a un ayuntamiento y ambas aéreas trabajan a su libre albedrío. La política actual está creando democracias, generaciones que usan 1.000 palabras en vez de 40.000 y esto es una tragedia personal y social, como dice la escritora Luisa Etxenike. Recuerda, si no, la perla que soltó el ex-ministro Wert: “Las Artes entretienen… ”. Y claro, para entretenimiento ya está “la cultura” del fútbol. El futuro está en que seamos capaces de conectar y demostrar al ciudadano que la cultura es un derecho y una necesidad, que sea el ciudadano el que entienda y exija a los políticos que nos gobiernan que tiene que haber un proyecto nacional, autonómico, local, de acceso, uso y disfrute de la cultura como lo hay de la educación y de la sanidad. Aquí es donde todo el sector tendría que tener puesta todas las energías: en explicar a la sociedad para qué sirven las artes escénicas, las artes visuales, y en exigir a los políticos que lideren este cambio de pensamiento, porque si seguimos por el camino de hacer de la cultura sólo entretenimiento, la gente en vez de ir al teatro irá a las agencias de viajes a que le programen una vista a Madrid para ver “El Rey León”.
En tu página web encontramos un manifiesto que nos ha llamado mucho la atención. De alguna manera reivindicas lo que parece una evidencia y que en ocasiones olvidamos: los niños deben ser niños. Además rematas con un “tienen que escuchar cuentos sin moraleja y no tienen que rellenar una ficha didáctica al final de todo esto“. ¿Cómo casas esta filosofía —reivindicar la libertad de la infancia— con el objetivo educativo de Escenoteca?
Cuando creamos Escenoteca, nuestra idea fue hacer de la educación un espectáculo y que todo espectáculo fuera un acto educativo. A mí, que también soy educadora, personalmente, las fichas didácticas del espectáculo me han dado urticaria, porque se entendió mal el concepto. Hay compañías que realizan un fantástico trabajo en torno al espectáculo, pero en estos momentos las matinales de teatro para los niños se han convertido en una asignatura más, y los pobres niños tienen que hacer trabajos previos a la obra, hacer trabajos posteriores a la obra… Las obras están hechas muchas de ellas a la carta: que si para el medio ambiente, si para el aniversario de El Quijote, que si para el reciclaje, que si para el cambio climático o la igualdad de género… ¿Dónde dejamos el disfrute libre de una obra de teatro? ¿Dónde dejamos el disfrute de un cuadro, sin que te expliquen y te “teatralicen” el mismo? Es como los cuentos: los verdaderos cuentos, los buenos, no necesitan una moraleja al final. Los niños ya sabrán como digerirlos y quedarse con lo que les alimente. Pero ante este panorama, siempre surgen luces, personas y corrientes de pensamiento que nos hacen avanzar, por ejemplo las pedagogías invisibles que de forma transversal recorren el arte, la educación, la música… Proponen a los niños autenticas actividades artísticas y educativas que nada tienen que ver con las fichas y los materiales pedagógicos que ahora se demandan.
Desde que fundaras Esceneoteca, han sido muchos los espectáculos infantiles que has llevado a cabo, rodeada de un equipo muy profesional. ¿Cuál destacarías cómo el más significativo y personal de todos?

Ufff, qué difícil. Cada uno ha sido una locura diferente: acostar al público en camitas sobre el escenario a oír y ver cuentos, hace cuarenta perfomances simultáneas con los niños y sus familias, bailar cuentos, realizar a vista de todos una película sobre el escenario… Pero me quedaría con “Poemas Para Jugar a Las Casitas”. Fue una propuesta experimental maravillosa. Cuando todavía no había nacido el concepto de microteatro, nosotros hicimos microteatro para niños, dentro de cinco casitas de madera. Una forrada entera de peluche dedicada a Platero, otra llena de arena de la playa dedicada a Cernuda, Lorca y Alberti, otra con las paredes llenas de pequeñas cajitas de música que los niños hacían sonar, dedicada a J.R. Jiménez y Machado, otra llena de olores del bosque dedicada a Lorca. En cada casita, una actriz contaba historias e interactuaba con grupos de 10 niños durante 15 minutos. Fue una experiencia maravillosa, que viajó a casi todos los festivales nacionales de teatro y ferias del libro. Si alguna vez tengo tiempo y consigo que alguna entidad lo patrocine, me gustaría sacar alguna publicación de todo lo que ocurrió y se vivió dentro de estas casitas. Quiero analizar y evaluar cómo la cercanía y la personalización de las propuestas culturales para la infancia las convierten en una herramienta de socialización, maduración; tienen carácter terapéutico y hacen florecer el artista que cada niño lleva dentro.
Trabajar para un público infantil supone un doble esfuerzo en el momento de la elaboración de los contenidos, ya que mantener la atención de un niño debe suponer una tarea muy compleja. ¿Cómo lo haces? ¿Cuáles son las directrices que marcan tus espectáculos en este sentido?
Parto de la capacidad de juego y asombro del público. Más que el espectáculo sea preciosista, perfectamente acabado (cosa que evidentemente también cuido), pongo más interés en colocar al público en el centro de la acción dramática. En mis espectáculos no hay cuarta pared. Jugar con ellos desde la emoción, desde la risa, la tristeza, el miedo, el misterio, lo extraordinario, el extrañamiento… Implicar al público y hacerlo protagonista de lo que está pasando. Eso crea interés y produce algo más que entretenimiento. Crea una experiencia.

Fotografía de Pepa Muriel tomada por el Centro de Documentación de las Artes de Andalucía.