¿Qué les queda a los jóvenes?


¿QUÉ LES QUEDA A LOS JÓVENES?

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
En este mundo de paciencia y asco?
¿sólo graffiti? ¿rock? ¿escepticismo?
También les queda no decir amén
No dejar que les maten el amor
Recuperar el habla y la utopía
Ser jóvenes sin prisa y con memoria
Situarse en una historia que es la suya
No convertirse en viejos prematuros.

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
En este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
Les queda respirar/ abrir los ojos
Descubrir las raíces del horror
Inventar paz así sea a ponchazos
Entenderse con la naturaleza
Y con la lluvia y los relámpagos
Y con el sentimiento y con la muerte
Esa loca de atar y desatar.

¿qué les queda por probar a los jóvenes
En este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
También les queda discutir con dios
Tanto si existe como si no existe
Tender manos que ayudan / abrir puertas
Entre el corazón propio y el ajeno /
Sobre todo les queda hacer futuro
A pesar de los ruines del pasado
Y los sabios granujas del presente.

Mario Benedetti.

CAPERUCITA ROTA Y OTROS PEDAZOS

EL BOSQUE

El bosque como metáfora del viaje de iniciación, el trayecto hacia la madurez, el camino que todos hacemos.
El niño, la niña, entran en el bosque, para salir siendo otro. Se va convirtiendo en adulto.
Una edad difícil, muy difícil. Tan difícil que en el terreno cultural, estos niños-adolescentes casi no existen. En teatro solemos dar un salto de la niñez al teatro para adultos.
Es difícil llevarlos al teatro. También es difícil contarles cosas y no caer en hacer una parodia de adultos que se disfrazan de jóvenes para que los jóvenes los identifique como “colegas”. Esto aleja todavía más a los adolescentes del teatro. Ahora que se experimenta con el teatro para bebes, por que no hacer lo mismo con los adolescentes? Ellos también son receptivos a estímulos visuales, a sonidos, a músicas, pero además tienen la ventaja de que conocen la palabra, y esta puede desencadenar, les puede acompañar a reconocer su propio bosque y los seres que habitan en él.
Y en esta travesía a través del bosque ocurren tantas cosas… El bosque bulle, huele a tierra mojada, a almizcle, a hiel, a humus, a estiércol, a liquen, a resina, a piñones, a eucalipto, a romero, a poleo, a moras, a miedo, a muerte y a vida.

Una travesía en la que no siempre estamos solos, los amigos y amigas también andan por el bosque.
Pero también están los lobos y otros depredadores.
Están las madres y padres protectores, los débiles, los rígidos, los inmaduros.
Están los abuelos sabios, los que hacen de padres.
Están los cazadores que cazan a los lobos, pero también cazan animales indefensos.
Están las encarnizadas luchas entre las especies.
Están los hermosos rituales del amor
También están las flores, los amaneceres, los cielos rojos, morados, las nubes, la tierra mojada, las estaciones, las cuevas, las madrigueras.
Están las trampas y los refugios.
Están los cruces de caminos, los senderos, las lindes, los límites que se borran.
Están las señales que marcan la salida del bosque.
Están los caminos sin salida.
Están los caminos de vuelta.
Y están los cuentos.

Y está el cuento de Caperucita Roja. Y según el cuento, Caperucita va al bosque y realiza ese “mandao” a casa de la abuela que cambiará su vida.
Todos hemos hecho nuestro “primer mandao” en solitario.

Y esta el cuento de los Zapatitos Rojos. Y según el cuento los zapatos tienen el control sobre la protagonista del cuento. Y finalmente se pierden por el bosque sin poder dejar de bailar.
¿Qué se “ponen” hoy día para no dejar de bailar los chavales?
¿Y si esos Zapatos Rojos fueran por el contrario lo que hace luchar contra corriente a un chico que desea bailar, bailar…, y esta es su arma ante la presión del grupo?

Y está el cuento de Barba Azul. Y según el cuento, este siniestro personaje que a la vez que atrae, promete todo tipo de placeres, caprichos, pero con una condición: tener la propiedad de su victima.

Quizás pueda importarles todo esto si descubren en estas historias un mensaje, una idea, un símil con sus vidas, sus miedos, sus dudas, sus deseos.

Tal vez colocándoles esos zapatos, (convertidos en unas relucientes Niké o Adidas) a un joven que sale un viernes por la noche de casa a bailar y no vuelve hasta el domingo por la tarde.

Tal vez buscando el retrato robot de Barba Azul en la lista de maltratadores y pederastas que la policía de medio mundo cuelga en Internet.

Todo, por ahora es una duda, una gran duda. Una duda tan grande como lo es la vida en si misma.
Pero no me permitiría dudar tanto si no tuviera

Una certeza:

Caperucita Rota es un canto a la vida.
Al derecho de los jóvenes a no dejar que les maten el amor.
El derecho de Ser jóvenes sin prisa y con memoria.
El derecho de situarse en una historia que es la suya.
El derecho de no convertirse en viejos prematuros.(M.Benedetti)

Tres cuentos unidos por un color, el Rojo: pasión, sangre, calor, vida, fuego, rubor.
El rojo en movimiento a través del verde.
Un bosque.
En el centro del bosque,
Los árboles, sus troncos, sus ramas son prendas que se retuercen y toman formas extrañas.

Un bosque de charol rojo, brillante que se convierte en un lodazal de bolsas de plástico, cristales y latas, después de una botellona.
Un bosque que se sumerge en la niebla del tiempo.
Un bosque habitado por criaturas salidas de un instituto o de un cuento o de ambos sitios a la vez.
Un bosque que extiende sus raíces hacia el patio de butacas del teatro…

Nada es lo que parece…

CAPERUCITA ROTA Y OTROS PEDAZOS
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