Todos los cuentos tienen un bosque

CRITICA DE TEATR0

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LOS CUENTOS DE TITANIA.
HANS EL LISTO Y LOS TRES CERDITOS Y EL TOCINO DE CIELO
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Escenoteca.
Directora, dramaturga e intérprete: Pepa Muriel. Lugar: Teatro Duque-La Imperdible. Fecha: Sábado, 1 de octubre. Aforo: Completo.
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JAVIER PAISANO/Diario de Sevilla
02.10.2011

La actriz y directora Pepa Muriel lleva años dando forma a un sueño llamado Escenoteca, una manera íntima y entrañable de acercarse al público familiar pero, sobre todo, al infantil ya sea a través de cuentos de toda la vida o con empresas más ambiciosas, en cuanto a la producción, como la recientemente estrenada La cebra Camila que protagoniza junto a Belén Larios.

Desde hace una década, Pepa Muriel y su Escenoteca están ligadas a la compañía La Imperdible por algo más que lazos de amistad y profesión. Esta feliz unión hace posible que Teatro Duque-La Imperdible mantenga una temporada estable de teatro infantil los sábados y los domingos que comienza con la vuelta a los colegios y la llegada del otoño y que convoca cada fin de semana a un público fiel.

Ésta es la primera sorpresa que se lleva un primerizo si asiste a Los cuentos de Titania. Los niños, desde edades realmente prematuras, repiten las fórmulas que han aprendido gracias a anteriores visitas a esta Cuentacuentos que se convierte en el hada Titania y que, muy coloquialmente, se dirige a ellos como si fuera una amiga, una madre o una profesora solícita y desenfadada.

Divididos en tres sesiones, en la de ayer Titania escenificó el relato breve de Hans el listo y Los tres cerditos y el tocino de cielo. Les seguirán, en semanas posteriores, Los tres idiomas, Las tres plumas y Limpiacenizas, la auténtica historia de la Cenicienta, todos ellos basados en los cuentos que los hermanos Grimm recogieron.

Pepa Muriel posee el don de la convocatoria. Se convierte, tras abrirse el telón, en una maestra de ceremonia que encandila a los niños como si ella misma fuera una flautista de Hamelín, en este caso, buena.

Los chavales participan, gritan, ríen y disfrutan, todavía sin saberlo, con ese veneno llamado teatro y que, de momento, hace que sus juegos traspasen las fronteras de sus casas y los vivan en un escenario.